BOUNDARIES
FUNDACIÓN RANA
Los límites personales son como unas “normas” que cada persona establece para protegerse de cualquier situación que considere insegura, incómoda o irrespetuosa. Representan la acción frente a un hecho que se percibe como inadecuado, invasivo o peligroso. Por eso es indispensable enseñar a los niños y niñas a ponerlos. Es una forma de cuidarse y defenderse.
Hay que tener claro que poner límites implica a todas las personas que rodean al niño o la niña: familiares, desconocidos, compañeros, docentes… Los abusos suelen producirse, la gran mayoría de veces, en un marco de máxima confianza, y por eso es necesario transformar la cultura de sumisión y respeto ciego hacia los mayores. Por ejemplo:
Es cierto que los niños necesitan recibir límites cuando es necesario, pero también es importante que puedan experimentar poniendo límites, para:
La aventura en Isla Tropicalia es divertida, pero también transmite un mensaje claro: todos tienen derecho a poner límites cuando una situación se vuelve confusa, no se entiende o sucede algo que no les hace sentir bien. ¿Os ha pasado alguna vez que lo que empieza como un juego deja de serlo?
En Isla Tropicalia, este concepto aparece cuando Nil dice “no” a practicar slackline con Lichi por miedo a caerse, hacerse daño o pasar vergüenza. Esta respuesta no habría sido posible sin otras experiencias previas (divertirse con castillos de arena, tener miedo a la oscuridad, contar con el apoyo constante de Mango…). En definitiva, poner límites es una necesidad de todos/as.
Durante la lectura, ¿qué preguntas podemos plantearnos?
En la mayoría de los casos, los niños aprenden a poner límites en situaciones cotidianas. También es importante que las personas adultas refuercen este concepto y trabajen con ellos. Una buena herramienta es el libro Ni un besito a la fuerza? de Marion Mebes, que fomenta un espacio de reflexión donde la cultura de los “saludos o despedidas” con un beso debe cambiar.